Tres lecturas del discurso de von der Leyen
La presidenta de la Comisión habló durante cuarenta minutos. Aquí lo que realmente dijo — y lo que no dijo.
Cuarenta minutos. Ese fue el tiempo que Ursula von der Leyen necesitó ayer para trazar el programa político de la Comisión Europea para los próximos cinco años. Cuarenta minutos en los que la palabra soberanía apareció catorce veces, competitividad veintidós, y China en seis ocasiones distintas. Las palabras importan en Bruselas.
Estas, especialmente.
La primera lectura del discurso es la geopolítica. Von der Leyen dejó claro desde los primeros párrafos que la Unión Europea que ella quiere liderar es una Unión que habla con una sola voz hacia el exterior. El momento histórico lo exige: la guerra en Ucrania no ha terminado, la relación con Washington es menos predecible que nunca bajo cualquier administración, y China ha dejado de ser únicamente un socio comercial para convertirse también en un rival sistémico. La UE necesita tener criterio propio, y la presidenta dejó claro que piensa construirlo.
La segunda lectura es la económica. En el centro del discurso estuvo el llamado Plan de Competitividad, una respuesta directa al demoledor informe que Mario Draghi presentó el año pasado. Europa, argumentó von der Leyen, no puede seguir perdiendo terreno tecnológico frente a Estados Unidos y China. La propuesta sobre la mesa incluye una reducción significativa de la burocracia para las empresas, incentivos fiscales para la inversión en semiconductores e inteligencia artificial, y una reforma del mercado energético europeo que abarate la electricidad para la industria.
La tercera lectura, la más delicada, es la institucional. Von der Leyen necesita el apoyo del Parlamento Europeo para gobernar, y el Parlamento ha cambiado. La derecha radical ha ganado peso, los grupos tradicionales han perdido escaños, y las mayorías que antes se construían con relativa comodidad ahora requieren negociaciones más complejas. El discurso de ayer fue también un mensaje hacia esos grupos: la agenda de la Comisión tendrá en cuenta las preocupaciones sobre migración y seguridad, aunque sin abandonar los pilares del Pacto Verde.
Quedaron en el aire algunas preguntas importantes. No hubo referencias concretas a cómo se financiará el ambicioso Plan de Competitividad sin aumentar el déficit de los estados miembro. Tampoco se mencionó la reforma del Pacto de Estabilidad, un asunto que sigue bloqueado entre el eje franco-italiano y el rigorismo alemán. Y la pregunta sobre qué ocurre con la ampliación a Ucrania y Moldavia recibió una respuesta entusiasta pero vaga.
Esta semana en Bruselas no acaba aquí. El jueves, el Consejo Europeo se reúne para discutir exactamente los temas que von der Leyen dejó deliberadamente sin cerrar. La coreografía está pensada. Lo que venga después, menos.