Lo que el BCE decidió ayer y por qué importa

Tipos sin cambios, pero el tono ha cambiado. Analizamos las señales entre líneas del comunicado de Lagarde.

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Tipos sin cambios. Era la decisión esperada, pero el comunicado del Banco Central Europeo dejó ayer algo más que un simple mantenimiento del statu quo. Christine Lagarde eligió cada palabra con precisión quirúrgica, y en la conferencia de prensa posterior se encargó de subrayar lo que el mercado quería escuchar: el BCE sigue atento, pero no tiene prisa.

La decisión unánime del Consejo de Gobierno de mantener los tipos de interés en el 3,25% era la que anticipaban la práctica totalidad de los analistas. Sin embargo, lo que realmente movió los mercados no fue el dato en sí, sino el tono. Lagarde reemplazó la habitual cautela verbal por una apertura a nuevas bajadas si los datos lo justifican. Eso, en el lenguaje del BCE, es casi una promesa.

Hay tres lecturas posibles de lo que ocurrió ayer en Fráncfort. La primera, la más optimista: la inflación en la eurozona se está domesticando con más rapidez de lo previsto, y el BCE está preparado para acompañar ese proceso con una política monetaria más laxa. Los datos de mayo mostraron una inflación del 2,1%, apenas una décima por encima del objetivo del 2%. Eso da margen.

La segunda lectura es más pragmática. El BCE observa con preocupación el enfriamiento del consumo en Alemania y Francia, las dos locomotoras de la zona euro. Si el crecimiento se debilita más de lo esperado, mantener los tipos altos durante demasiado tiempo podría agravar una desaceleración que ya empieza a notarse en los índices de producción industrial.

La tercera lectura, la más política, tiene que ver con el contexto exterior. La Reserva Federal estadounidense ha señalado que no tiene prisa por bajar tipos. Si el BCE actúa antes y con más intensidad que la Fed, el euro podría depreciarse, lo que presionaría al alza los precios de las importaciones y alimentaría de nuevo la inflación. Un dilema clásico que Lagarde conoce bien.

Lo que nos llevamos de la reunión de ayer: el BCE ha pasado de pilotar en modo reactivo a intentar anticipar los movimientos. Si los datos de inflación de junio confirman la tendencia bajista, septiembre podría traer la siguiente bajada de tipos. Pero en Bruselas, y en Fráncfort, nadie firma nada por adelantado.